jueves, 25 de marzo de 2010

EL TERCER CAMINO

EL TERCER CAMINO
¿Por qué hemos escogido el nombre del Tercer Camino?
El mundo entero se encuentra hoy bajo la dominación de dos grandes potencias: Estados Unidos y la Unión Soviética. Una ejerce su poder en el Occidente y la otra en el Oriente del planeta. Desde 1945, ambas se reparten a la humanidad, a los pueblos y países que la componen; y entre las dos mantienen en permanente chantaje a la gente, a quien no se les presenta otra alternativa de salir de una dominación para caer en otra. Ese chantaje es el que queremos romper, ofreciendo la perspectiva de soberanía total e integral como un Tercer Camino, independiente de estos dos poderes mundiales.

¿Que significa esa soberanía integral?

Con este término queremos significar la independencia económica, política, militar territorial, cultural, mental y tecnológica frente a los grandes poderes mundiales. Queremos decir que una revolución no es verdadera si se sacude de la dependencia norteamericana para terminar atrapada en otra dependencia. Y al mismo tiempo, que no basta con la emancipación nacional, que es necesaria la emancipación social, la conquista de la igualdad entre los seres humanos. Sólo escogiendo un tercer Camino podemos asegurar esa doble emancipación. Y eso significa, en primer lugar, pensar con cabeza propia.

Pero, eso parece imposible…

Es difícil, pero no imposible, A nosotros se nos ha acostumbrado a resignarnos al mal menor y que otros piensen y decidan por nosotros. En el momento que tú decidas que eres capaz de proponerte inventar el futuro, en ese momento haces realizable lo que parece imposible. Por eso, el primer gran cambio tiene que producirse en tu cerebro, en tu mente y en tu espíritu. Hay que comenzar por desechar los dogmas, esas “verdades únicas” que encallejonan a la gente en una visión estrecha y sectaria del mundo y de la vida. El mundo de hoy es muy complejo, y la interpretación de esa realidad no puede estar comprendida en un “manual”, llámese marxista, leninista, cristiano o anarquista. La parte más importante del nuevo pensamiento para construir la nueva civilización tenemos que ponerla todos nosotros. Lo que no quiere decir que desechemos aspectos importantes de Marx, Cristo o Bakunin. Por otro lado, los venezolanos hemos olvidados que tenemos un gran caudal de experiencias en nuestro pasado: en la organización y las luchas de los indígenas; en la guerra de independencia y el Libertador; en Ezequiel Zamora y la Guerra Federal; y en Fabricio Ojeda y el proceso violento de los sesenta. Contamos con un extraordinario filósofo, el maestro de Bolívar, Simón Rodríguez, quien llamo muchas veces a los latinoamericanos a no imitar, sino a inventar. Entonces, el Tercer Camino nos obliga a inventar el futuro, a escoger una vía original para conquistar la felicidad del género humano.




¿En qué consiste completamente ese Tercer Camino?

Las cosas más importantes que nos definen son: 1. La lucha por la soberanía integral, por la independencia frente a las dos superpotencias que se reparten el mundo. Por supuesto, significa que no permitimos que nuestro país –y ningún país- sea dominado por otro, llámese como se llame. 2. Tanto las sociedades de Oriente como las de Occidente están construidas sobre la base de un tipo de máquina y un tipo de tecnología que destruyen al hombre ya la naturaleza, mantienen las relaciones de privilegios para unos pocos y hambre para las mayorías. El tercer Camino se propone construir una sociedad radicalmente distinta la que existe en el mundo entero; donde la maquina este al servicio de cada uno, y no existan esos monstruosos complejos industriales donde el ser humano es solo una “cosa” dominada por la maquina; donde la tecnología no genere contaminación del ambiente y de la gente, ni privilegios para unos cuantos; donde vivamos sin la amenaza de las guerras nucleares. Donde habitemos en comunidades pequeñas capaces de autoabastecerse, donde la gente pueda comunicarse entre si. Donde la educación sea para aprender a pensar con cabeza propia, y no simplemente a repetición. Donde el trabajo no sea un tormento de ocho horas diarias, sino un placer que se ejecuta junto a otros por unas pocas horas. Donde todos dispongamos de tiempo para cantar, escribir, pensar o pintar. Donde haya menos hospitales porque hay menos enfermos….




Pero, ¿Si no hay tecnología como avanzamos? ¿Vamos a retroceder al primitivismo?

No estamos rechazando la técnica, ni la tecnología en general. Estamos en contra de la tecnología que existe actualmente, porque ella contribuye a mantener la división entre sabios e ignorantes, y entre dominantes y dominados. Nosotros creemos que una nueva civilización creara una nueva tecnología, que nos sea monopolizable por los sabios, sino que parta de la inventiva de cada quien. En realidad, se trata de que tengamos que cambiar nuestros hábitos de consumo, o mejor dicho, de consumismo. De quitarnos de la mente esquemas que nos han creado sobre el “confort”. Esos esquemas de confort no hacen trabajar quince horas por día (incluyendo el tiempo que se gasta en el transporte p0ara llegar del trabajo a la casa, las horas extra, etc.) para comprar cosas que no necesitamos y no disfrutamos. En cambio, en una nueva civilización podríamos trabajar unas pocas horas por día y dedicar el resto del tiempo a compartir nuestra vida con los otros, a pensar y a crear esa nueva tecnología que no lesione el ambiente ni a nosotros. Claro está, todos viviremos con mas austeridad, con mas modestia, sin lujos, pero más felices. Habrá menos infartos, menos accidentes, menos suicidios, menos homicidios…




Entonces, ¿no habrá fábricas, no habrá industrias?

Existirán las fábricas que sean necesarias para asegurar el bienestar colectivo. Por ejemplo, cada comunidad podrá tener sus propios talleres para abastecer a la comunidad. Serán fábricas pequeñas, donde los trabajadores laboren poco, donde la gente se conozca entre sí, y donde no hay un patrón sino un colectivo que discute y decide en relación a la fábrica. Allí surgirán los creadores de cosas nuevas.




Pero, nosotros somos un país que todo lo importa. ¿Cómo vamos a sobrevivir al principio?

Bueno, al principio habrá que hacer sacrificios. Pero si sabemos que es un camino que le ahorra tragedias a la humanidad, que ese tercer Camino va a despertar en el mundo el espíritu de fraternidad y solidaridad que hoy está dormido, puedes estar seguro de que en muchas partes habrá quien nos ayude, y además, quien esté dispuesto a intentar lo mismo en su propio país. Puede ser que no nos ayuden los gobiernos actuales, pero sí los pueblos, la gente sencilla. Además, debemos desde ya intentar hacer las cosas de una nueva manera. Ensayar, aprender y desarrollar formas alternativas de la vida (relacionadas con la agricultura, el trabajo artesanal, la educación, la salud) que vayan echando las bases de la nueva civilización y convirtiéndose en un ejemplo real de lo que es posible hacer. Estas formas alternativas son subversivas, porque están creando una nueva relación entre la gente, una nueva cultura y un nuevo pensamiento.




Y ¿Cómo debe ser la fuerza armada que defienda estas ideas? ¿Cómo evitar que se conviertan en nuevos burócratas?

Un Tercer Camino requiere no solo de un nuevo pensamiento, sino también de un tercer ejercito. Y es indudable que necesitaremos jefes. Necesitamos quienes dirijan desde una acción social hasta la construcción de una local para una escuela. Pero esos jefes no son eternos. Son los jefes de una actividad, no lo jefes para toda la vida. El nuevo liderazgo será diferente al nuevo liderazgo burocrático que conocemos. Y este liderazgo será tanto más fuerte como más democrático. Recuerda lo siguiente: los indígenas de Perú y de Méjico fueron fácilmente derrotados por los invasores españoles porque al cortar la cabeza del imperio desapareció – o se redujo grandemente- la resistencia. Los indios venezolanos resistieron casi un siglo, porque ellos no tenían un imperio, sino que estaban organizados en comunidades con un alto grado de igualdad, donde había jefes, líderes, pero apoyados en una estructura comunitaria. Todos nuestros ancestros estaban igualmente comprometidos en la defensa de su raza, su nacionalidad, su modo de vida, su territorio, su cultura.




¿Y cómo debemos organizarnos para desarrollar el Tercer Camino?

De antemano debemos decir rotundamente que no somos un partido político. Creemos que los partidos políticos son parte de la vieja sociedad, son los reproductores de los vicios de la vieja civilización. Pero, al mismo tiempo, es imprescindible la organización. El ser humano es social, y por naturaleza necesita la organización. El desafío es desarrollar una organización diferente, que pueda interrelacionar a todas las formas alternativas de organización que existen en el país actualmente: ecologistas y ambientalistas, asociaciones de barrios, organizaciones cristianas de base, militares, estudiantes, trabajadores de la cultura, etc. Esa organización debe respetar las características locales, es decir de la región o sector donde se desenvuelve, y su punto de unificación reside en el pensamiento común de búsqueda de una nueva civilización. En esa nueva organización debe procurarse que todos aprendan y todos enseñen; y debe tener, por fuerza, una estructura de coordinación nacional donde estén representados los integrantes de los estados del país. Al mismo tiempo, debemos contar con un órgano comunicador de las ideas; por eso estamos trabajando para echar adelante lo antes posible una revista, cuyo nombre es “ORIJINAL”, basada en la forma de Simón Rodríguez, nuestro gran filosofo americano, quien pregono incansablemente que,




“La América no debe imitar servilmente, sino ser original”

ARGELIA MELET


Tercer Camino

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