miércoles, 23 de junio de 2010

LA DEMOCRACIA: UNA UTOPIA EN LAS RELACIONES DE PODER

LA DEMOCRACIA: UNA UTOPÍA EN LAS RELACIONES DE PODER

EL PODER QUE HEMOS CONOCIDO HASTA AHORA, NO ES OTRA COSA, QUE FORMAS DE DOMINACIÓN QUE SE EXPRESAN EN EL PLANO MILITAR, ECONÓMICO, JURÍDICO-POLÍTICO E IDEOLÓGICO - CULTURAL, DE CUALQUIER MODELO SOCIO-ECONÓMICO CONOCIDO HASTA AHORA, LLAMESE CAPITALISMO O SOCIALISMO. DE ALLÍ, QUE LA DEMOCRACIA QUE SE PREGONA EN AMBOS SISTEMAS, TERMINA SIENDO UNA UTOPÍA, POR LAS RELACIONES DE PODER QUE EN LOS MISMOS SE ESTABLECEN.

AFIRMAMOS QUE DONDE EXISTEN RELACIONES DE PODER, TAL Y COMO LO CONOCEMOS, NO EXISTE, NI EXISTIRA LA DEMOCRACIA, PORQUE LAS RELACIONES DE PODER LLEVAN CONSIGO Y CONTIENEN LA DESIGUALDAD SOCIAL Y POR LO TANTO, TRAE DE MANERA IMPLICITA LA LUCHA DE CLASES.

Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen. ENRIQUE CONTRERAS RAMÍREZ
En el socialismo real, al igual que en el capitalismo, las clases políticas dominantes tratan de imponer el “pensamiento único”. No se puede pensar distinto, ni buscar alternativas distintas que se diferencien de los modelos conocidos hasta ahora, porque sería un acto subversivo, un acto de rebelión frente al pensamiento dominante a la cual esta sometido el país que lo contiene, hay que estar de un lado o del otro, porque es la lógica del que domina frente al dominado.

Desde el acuerdo de Yalta (1945), donde se acordó la división del mundo y algunos países quedaron bajo la influencia soviética y otros bajo la influencia occidental, ambos sistemas han tratado de imponer sus doctrinas en el campo filosófico, político, ideológico, cultural, militar, en la búsqueda de un proceso recolonizador que impone por un lado el capitalismo de estado y por el otro el capitalismo privado, coincidiendo ambos modelos en el desarrollo de estados capitalistas, donde la clase política que esta o se encuentra en el poder, termina imponiendo sus condiciones y su “autoridad” en nombre del “ESTADO”.

MARX Y LA DISIDENCIA

Estos modos de vida, que intentan imponerle al mundo, son concebidos por sus impulsores, como únicas formas de que los países se desarrollen, desarrollo marcado por un proceso de industrialización, que va en función, no de satisfacer las necesidades básicas del ser humano de manera racional, sino en búsqueda de mercados, que además de acumular riqueza, contamina el medio ambiente causándole daño irreversible al planeta.

Son modelos agotados y a través de la historia han demostrado su incapacidad de resolver los problemas básicos de la población, para ambos sistemas, la carrera armamentista es básica y primordial, ya que es la única alternativa para evitar ser desalojados del poder y de la hegemonía que tienen sobre los países dominados, unos a nombre del socialismo y otros a nombre del capitalismo.

Cualquier pensamiento contrario a ambos sistemas, es catalogado subversivo, irracional, extemporáneo y por lo tanto fuera de lugar. Hay que pertenecer obligatoriamente a cualquiera de ambos modelos, pues pensar distinto es condenarse en medio de sus “verdades” absolutas y por lo tanto hay que excluirlo o desaparecerlo, por atentar contra la lógica de la dominación.

Ni el propio Marx, quien también quiso imponer su pensamiento como verdad única, pudo controlar la disidencia en sus filas y encontró en el camino posiciones inclusive mucho más radicales que la que pudo expresar en sus obras, sin dejarle de reconocer su pensamiento, su influencia y sus aportes en el campo revolucionario.

Hoy, en el mundo de la contemporaneidad y en los análisis que puedan hacer y que se han hecho, se reconoce la pluralidad del pensamiento en el campo de las izquierdas del mundo y la diversidad de abordar la realidad, sin dejar de reconocer, que son propuestas que en el orden filosófico y político, sólo buscan mejorar la sociedad en el escenario de la justicia social, para una nueva civilización que dignifique la vida dentro de un espacio para la convivencialidad, cuyo centro motriz sea la capacidad para la tolerancia.

Ahora bien, en ese marco de la disidencia que confrontó el propio Marx, podemos poner como ejemplo a Mijael Bakunin, quien sostuvo la tesis llamada “Anarquismo Colectivista”, el mismo sostenía la necesidad de abolir el ESTADO, porque siempre estaba en manos de una clase política que a nombre de la llamada democracia o socialismo, era un sector privilegiado y corrupto por los privilegios que les daba el poder. Indicaba, que la autoridad debería estar en el espíritu público y colectivo, donde el respeto humano, la igualdad, la libertad y la fraternidad son condiciones necesarias y obligatorias en un proyecto civilizatorio que satisfaga las necesidades reales y objetivas de la población. Para Bakunin se era libre en la medida que se reconociera la humanidad y se respetara la libertad de todos los hombres que conforman la sociedad: “Yo soy libre- decía- solamente en la medida en que reconozco la humanidad y respeto la libertad de todos los hombres que me rodean”.

De igual manera Joseph Proudhon, otro pensador que se diferencio de Marx, quien afirmo en sus escritos que la propiedad venia o tenia su origen en el robo, se refería a la propiedad que no tenia su génesis en el trabajo propio. Se opuso a todo sistema socialista o comunista por ser autoritarios, es una autoridad impuesta. La autoridad -señalaba- elimina la independencia y la autoridad sólo se consigue solamente en un ESTADO de completa libertad, lo cual requiere un sistema de organización que a mediano plazo eche por la borda al ESTADO. Habla de la justicia universal y por lo tanto es inadmisible el dominio de un hombre sobre otro y de ninguna sociedad sobre otra. Se manifiesta contra la utopía, porque para él no se llega jamás a un estado perfecto. Cree en el cambio constante, la apertura constante a nuevos desarrollos, pero siempre buscando la independencia y la libertad.

Otro, que con su pensamiento se diferencia en gran parte de Marx, fue León Trotsky, sin negar la gran influencia del marxismo en el, presento postulados mucho más radicales y concretos, lo que dio cabida a la creación de una nueva corriente revolucionaria conocida como Trotskismo, coincide en muchos aspectos con Marx, por ejemplo en relación al ESTADO, donde indica que la propiedad del ESTADO no es la de “todo el pueblo” más que en la medida en que desaparecen los privilegios y las distinciones sociales y en consecuencia, el ESTADO, pierde su razón de ser. Dicho de otra manera: la propiedad del ESTADO se hace socialista a medida que deja de ser propiedad del ESTADO.

Podemos seguir enumerando, filósofos y economistas que generaron un pensamiento político disidente con respecto al marxismo, sin abandonar el campo revolucionario, lo que demuestra claramente que insistir en tratar de imponer un pensamiento único, un partido único, un modelo económico social único, es caer en un campo que se aleja de la dialéctica que el propio marxismo recreo, para abrirle camino al fascismo que en ese entonces represento Stalin a nombre del partido único, expresado y representado en el Partido Comunista, donde se asesino, masacro, persiguió y encarcelo revolucionarios, que por no pertenecer al partido y no estar identificado con el gobierno, se les calificaba de contrarrevolucionarios.

LA TEOLOGIA DE LA LIBERACIÓN

Otras corrientes que se alejan del marxismo, como filosofía de vida, pero no por eso dejan de ser revolucionarias, es la llamada “TEOLOGIA DE LA LIBERACIÓN”, entendiendo que la teología es la ciencia que estudia las “cosas de Dios”. Su origen surge en Europa en el año 1917 a través del teólogo alemán Walter Rauschembusch, quien da a conocer sus ideas iníciales a través del libro “Una teología para el evangelio social”, allí se plantea que el cristianismo es un modo de vida y donde las enseñanzas de Jesús, representan el instrumento para la liberación de hombre, es un instrumento para la emancipación de los pueblos, para la libertad, para la convivencialidad, fraternidad, solidaridad y para dignificar la vida de la humanidad en comunión. Como virtud de convivencia humana.

Más adelante otros teólogos, principalmente protestantes (alemanes y holandeses) desarrollaron la “Teología de la esperanza”. Inclusive este sector hablo de la necesidad de impulsar la “Democracia Eclesiástica”.

En América Latina, esta corriente del cristianismo comprometida e identificada plenamente con las luchas y los intereses del pueblo, se encuentra expresada en las posiciones de sacerdotes como el padre Gustavo Gutiérrez (peruano), en sus obras como: “La verdad os hará libres”, “La densidad del presente”, “Beber en su propio pozo” –entre otras- de igual manera Leonardo Boff (brasilero) con sus obras “Florecer en el yermo”, “Tiempo de trascendencia”, “Experimentar a Dios”. El cura y poeta nicaragüense Ernesto Cardenal con su comunidad Solentiname, su poesía comprometida donde denuncia el sufrimiento y la explotación de los pueblos en las llamadas repúblicas bananeras, temática que sirvió para dar origen al “Canto General”. En Ernesto Cardenal la teología de la liberación la manifiesta con mayor concreción en su poemario “Salmos” (1964) y “Oración por Marilyn Monroe” (1965).

Paulo Freire, otro de los representantes de esta corriente en su opúsculo, entre los cuales destaca “Pedagogía del oprimido”, “Educación como práctica de la libertad” , fue uno de los impulsores más influyentes en esta corriente y en su última obra, que fue una recopilación de sus escritos no editados hecha por su hija Ana María Araujo Freire, que lleva por nombre “Pedagogía de la tolerancia” indica, la necesidad de la tolerancia para la convivencialidad, la necesidad de vivir con el diferente. “Con el diferente, no con el inferior”.

Cabe destacar que dentro de la “Teología de la liberación” surgieron posiciones, que muchos han calificado de radicales, por haber tomado la lucha armada para hacer los cambios sociales que necesita América Latina, como son los casos de los curas Manuel Pérez y Camilo Torres Restrepo, el primero español y el segundo colombiano, miembros del ELN de Colombia, quienes murieron ofrendando su vida por amor al prójimo.

Esta tendencia se consolidó en la Conferencia Episcopal de Medellín, Colombia (1968) y la de Puebla celebrada en México (1979), según muchos analistas allí se marco la matriz de la llamada “Teología de la Liberación”.

Desde luego, que en el marco del cristianismo, la propia Iglesia Católica a producido documentos, que comprometen su accionar con la justicia social, encíclicas papales como “Pacen in Terris”, (1991) de Juan XXIII, donde exige y pide respeto a los derechos humanos, señala que los mismos ante todo, son personas, personas dotadas de inteligencia y con el derecho natural a la libertad, son derechos universales e inviolables, son absolutamente inalienables.

De la misma forma la encíclica “Populorum Progressio” (1967), de Pablo VI, donde se muestra la preocupación por temas sociales, como la situación de miseria que viven muchos seres humanos, producto de gobernantes y una clase política irresponsable y corrupta. Otra, La “Rerum Novarum” (2006) de Juan Pablo II, cuya preocupación se manifestó en la necesidad de dignificar a la clase trabajadora, la misma plantea el derecho universal al trabajo y a la organización sindical, cuyo único objetivo es buscar mejorar las condiciones materiales de existencia de la clase trabajadora.

Otros pensadores, que además de manifestar su pasión espiritual, religiosa, filosófica, cívica y social como Teilhard de Chardin, Emmanuel Mounier, Jacques Maritain –entre otros- manifestaron en su pensamiento y sus utopías la necesidad de construir un mundo que respete la dignidad de los seres humanos, que busque el bien colectivo y que luche por lograr la perfectibilidad de la sociedad, en las posibilidades humanas.

Aquí en esta corriente del cristianismo llamada “Teología de la liberación” hay un pensamiento comprometido con los cambios sociales, económicos y políticos, es una corriente revolucionaria comprometida con el accionar de las luchas del pueblo, es un pensamiento que no es marxista como lo quiere hacer ver la iglesia oficial. Pues bien es sabido, que su principal fuente inspiradora es el propio evangelio y la enseñanza y la conducta de Jesús crucificado, quien dio la vida por salvar a la humanidad. Negar en el campo político, ideológico y filosófico la “Teología de la liberación” como corriente revolucionaria, es propio de los analfabetas funcionales que se refugian en el dogmatismo y el fanatismo irracional, pues en medio de su miopía política nunca han entendido que las revoluciones la hacen los pueblos, que poseen una idiosincrasia, una espiritualidad, una religiosidad, una diversidad y en medio de sus luchas que son prolongadas para la emancipación, saben quienes son sus amigos y quienes sus enemigos.

¿DEMOCRACIA CAPITALISTA O DEMOCRACIA SOCIALISTA?

En el planeta tierra, las viejas civilizaciones (capitalismo o socialismo), le han querido imponer al mundo su pensamiento, no han querido reconocer, producto de su práctica colonialista, que existen otras latitudes, otros espacios, otras naciones y pueblos, donde se establecen diferencias culturales, otras formas de pensar, de vivir, de soñar, de crear, que poseen otra cosmovisión del mundo y que hay que respetar por formar parte de la identidad que desde sus génesis se dieron a través de los procesos ontocreador de los pueblos, situación que los imperios no respetaron en sus ambiciones por dominar el planeta, de allí que su ambición hegemónica de poder, intentan enterrar, desde todos los puntos de vista la identidad de las naciones que quieren dominar: “Una de las características fundamentales del proceso de dominación colonialista o de clase, sexo, todo mezclado, es la necesidad que tiene el dominante de invadir culturalmente al dominado. Por tanto, la invasión cultural es fundamental, porque ésta piensa en el poder, ora a través de métodos violentos, tácticos, ora por medio de métodos cavilosos. Lo que en la invasión cultural se pretende, entre otras cosas, es exactamente la destrucción, lo cual felizmente no se logra en términos concretos. Es fundamental, para el dominador, triturar la identidad cultural del dominado”. (FREIRE, Paulo. (2006). “Pedagogía de la tolerancia”. Edit., FCE. México. Pp. 33.).

Estos dos sistemas, del cual hablamos, históricamente han demostrado que no han sido capaces de emancipar al hombre, de respetarle su libertad, su condición humana, su forma de ser, su conocimiento y saberes colectivos de la realidad que les rodea, su interpretación del mundo en el marco de su medio ambiente natural, en otras palabras, le han querido borrar su memoria histórica, para que asuma un modo de vida y una ideología divorciada de su génesis natural, triste historia que viene desde la colonia, para venir a imponerle modelos euro centristas que nada tiene que ver con lo que realmente somos como latinoamericanos

Permanentemente el socialismo real y el capitalismo están hablando de la democracia como gobierno del pueblo, pero valdría la pena preguntarse cuál es la interpretación que ambos sistemas tienen de la democracia, cuál es su práctica real, su accionar y su conducta. En los gobiernos llamados “democráticos”, bien sean socialistas o capitalistas, se refuerza el llamado ESTADO, se hacen leyes divorciadas de la voluntad popular para fortalecerlo, se persigue a nombre del mismo, se encarcela, se condena y se impone una “autoridad”, “autoridad” que no surge de la justicia social, como la planteaba Platón, tampoco del conocimiento ni de la sabiduría, tal y como la expresaba Aristóteles, ni de la teología, basada en un ser supremo. La “autoridad”, que hemos conocido en ambos regímenes del socialismo real y del capitalismo, en sus diferentes formas de manifestarse, ha surgido de la relación vencedor- vencido, explotado-explotador, dominante-dominado, colonizador-colonizado. Son las leyes que se establecen en las relaciones de poder, donde unos mandan y otros obedecen, es la lógica de la dominación, donde los que poseen el poder establecen estructuras jurídicas y políticas para evitar ser desalojados del mismo.

Hemos venido sosteniendo, que el poder que actualmente conocemos y que se “legitima”, se acobija, se legaliza, esta dado bajo el argumento, que ese poder es expresión de procesos electorales donde el pueblo participa y surgido por lo tanto de una democracia, llámese representativa o participativa, pero que realmente no es otra cosa que un espejismo que aliena y cuya interpretación se sustenta en una falsa moral donde se esconde, producto de una cotidianidad enajenada, que establecen las relaciones de dominación que una clase política y económica ejerce sobre la población.

La democracia que conocemos, esta muy lejos de lo que realmente significa y más si la referimos desde el punto de vista conceptual y etimológico de lo que realmente es y representa. Nuestra democracia, no es otra cosa que una triste caricatura, que oculta su verdadero rostro represivo y alienante, en una suma de perversidad que libera sus más oscuros intereses, haciéndolos aparecer como libertarios, pero que en el fondo sólo se manifiestan los intereses de clase de los que poseen el poder. La llamada democracia participativa del socialismo o la democracia representativa del capitalismo, ponen a la gente a votar, pero no a elegir, elige el partido y vota la población por el que elige el partido. A través del partido se controla todo, el que no milite en el, queda excluido de la llamada movilidad social y donde las llamadas constituciones quedan relegadas, por los intereses del partido que tiene sus jefes, sus reyezuelos e incluso algunos tienen autoridad de por vida, al elegirse como autoridades vitalicias.

Los procesos electorales que son convocados en ambos sistemas, nos ponen a votar por un Presidente de la nación que elige el PARTIDO, por unos representantes al Congreso o a la llamada Asamblea, que elige el PARTIDO, por un gobernador que elige el PARTIDO, por unos alcaldes que elige el PARTIDO, por unos concejales que elige el PARTIDO, por unas juntas comunales o asociaciones de vecinos que propone y elige el PARTIDO y al pueblo se le convoca a elecciones para que vote por los que elige el PARTIDO. ¿A esta cosa tan perversa y absurda se le puede catalogar de democracia?

En medio de éste quehacer político hecho cotidianidad, todo esto nos parece normal, pero lo cierto, que tales prácticas forman parte de los procesos colonizadores que hemos tenido, porque hasta el momento no existe en nuestros procesos históricos, una ruptura creadora, que rompa la relación dominante - dominado. Nos impusieron un modo de vida, nos inventaron la sociedad en que vivimos y crearon una “democracia” en el marco de una estructura jurídico-político, que sólo ha servido para encadenar y condicionar la libertad, atrapando el libre pensamiento, el derecho a disentir a crear y estableciendo claros privilegios entre los que conforman la sociedad en donde se desarrolla. Se formó en medio de esta “democracia” una clase política llena de privilegios económicos, nos entramparon y nos crearon partidos políticos, que sólo han servido para consolidar los beneficios de la clase dominante y “legitimar” y consolidar los interese de esa misma clase, a nombre del progreso, desarrollo, civilización y libertad. Partidos políticos que surgieron para tener el control ideológico y político de la población, son espacios panópticos para de esta manera amarrar el pensamiento y evitar los procesos descolonizadores y la rebelión de los saberes que buscan la emancipación de los pueblos.

La crueldad de los dueños de los partidos llega a tal extremo, que con el acto del voto, le hacen creer a las masas, la ilusión de ser el amo de sus amos. Es por eso que el “elegido” parece así investido, coronado de una autoridad divina, porque es “creación del pueblo” y es allí donde esa clase política aprovecha las circunstancias para que las masas acepten sin protesta alguna, la tiranía disfrazada de democracia por parte de sus “lideres electos”.

Esta situación de relaciones de poder, que los grupos dominantes establecen, donde unos mandan y otros obedecen, obligan a los pueblos, a que les rindan obediencia, deben ejecutar ciegamente y sin comentarios o intentos de desobediencia, las ordenes que ellos dictan en forma deliberada, tanto en el partido, como en las también llamadas instituciones democráticas, llámese alcaldía, gobernación, consejos legislativos, ministerios, asambleas nacional, etc.

Estos partidos, mal llamados democráticos, que tanto el socialismo, como el capitalismo aúpan, llevan en su seno la antidemocracia, el condicionamiento, se roban los espacios sociales y la organización del pueblo, degenerando de esta manera el contenido real del deber ser de la democracia. En toda organización partidista surgen las mafias con sus respectivos caudillos, los indispensables, los todo poderosos, los reyezuelos, imponiendo un “liderazgo” autoritario por la relación de poder que poseen, por su habilidad para manipular y engañar, sus intereses que siempre esconden están por encima del colectivo, donde sólo se salvan los allegados del jefezuelo a los cuales les da su mesada, premiando de esta manera la incondicionalidad. Donde existan relaciones de poder tal y como las conocemos y existan partidos políticos, nunca podrá haber democracia, porque la misma, en su génesis, su espíritu, su esencia, su deber ser, su filosofía y teoría política se define como gobierno del pueblo y no de sectores privilegiados o de castas políticas que a nombre de las misma, se toman el poder, se llenan de riquezas a costa del hambre y la miseria de los pueblos que dicen gobernar.

La democracia supone, la igualdad de todos los seres humanos y su derecho igualitario, para ejercer la soberanía popular, hasta la declaración incluso de la independencia de los Estados Unidos se estableció: “… Todos los hombres nacen iguales; a todos les confiere su Creador ciertos derechos inalienables entre los cuales están la vida, la libertad y la consecución de la felicidad…” desde luego que todo esto lo convirtió las clases económicas de ese país, en una estatua llamada de la libertad, que en el fondo recuerda lo que pudo ser y no fue, la democracia norteamericana.

La democracia, etimológicamente viene de la palabra griega demokratia, su estructura esta constituida de demos, cuyo significado es pueblo y la otra es kratos cuyo significado es poder, luego lo que quiere decir, que la democracia es simplemente poder del pueblo. En éste escenario sobran los partidos y por lo tanto, en una verdadera democracia, no pueden existir partidos políticos, los mismos fueron impuestos en los procesos colonizadores que hasta el momento hemos conocidos. Los partidos tienen metas muy concretas a nivel de sus cuadros de dirección la felicidad y el bienestar individual del dirigente por el poder que adquiere, para sustituir y evitar la felicidad colectiva. Estos partidos políticos convierten al ESTADO en instrumento para legalizar la acumulación de privilegios para la clase política y económica que domina la sociedad. De esta manera el ESTADO cumple funciones reguladoras para garantizar el orden establecido.

LOS TERCEROS CAMINOS

Hoy en América Latina y el mundo, hay una especie de insurrección, frente a las ideologías que hasta el momento han dominado el pensamiento de la humanidad, es una especie que utilizando y prestándole la palabra a Michel Foucaullt, se trata de la “rebelión de los saberes”, el despertar de la inteligencia, frente a ideologías impuestas, que han oprimido, acomplejado, sometido el conocimiento y los saberes de nuestros propios pueblos, es derrotar los limites y fronteras de la lógica del dominado, porque se trata de que la luz del sol desaparezca la oscuridad, para iluminar los nuevos senderos o terceros caminos, capaces de crear una nueva civilización libre del dominio colonial. El socialismo real y el capitalismo, han desarrollado espacios donde la libertad, la igualdad y la justicia social, sólo queda en papeles y posiciones declarativas, donde no puede sobrevivir la humanidad en ese proceso ontocreador para la convivencialidad y la tolerancia. En estos sistemas coloniales queda castrado todo principio de libertad. En los mismos se impone la hegemonía, exclusión, amenaza, chantaje, represión, intolerancia, culto a la personalidad, despotismo y ejercicio del poder.

Para nadie es un secreto, que el mundo esta amarrado, entrampado, en medio de dos modelos económicos-sociales (capitalismo y socialismo), que no han sido capaces de emancipar al hombre, al contrario, sus prácticas han intentado asesinar, por la ambición de poder que han desarrollado sus clases políticas y económicas, las utopías de los pueblos.

Hasta el propio Adam Smith, considerado como el padre del liberalismo económico, en su obra “La riqueza de las Naciones” refiriéndose a la distribución de la misma, indico: “Ninguna sociedad podrá ser floreciente y dichosa si la mayoría de ella es pobre y miserable”.

Si el capitalismo y el socialismo, no han sido capaces de darle a los pueblos a través de sus gobiernos la libertad, la igualdad y la fraternidad que ambos modelos pregonan, es porque son modelos agotados y sus prácticas sólo han servido para enriquecer a sus clases políticas y económicas, esa es la experiencia que nuestros pueblos han tenido de estos modelos y viejas civilizaciones.

Partiendo de estas generalidades, que han mostrado ambos sistemas a través de la historia, es necesario enfrentarse en todos los campos a la dominación colonial del eurocentrismo, con un nuevo pensamiento, que en el fondo desde nuestros propios procesos históricos, ha sido sometido por los dominadores, que hoy plantean la recolonización de nuestro continente e incluso del propio planeta.

En medio de esta discusión, es donde el “Colectivo Tercer Camino”, cuyos antecedentes históricos se pueden encontrar en toda la teoría que se ha venido generando, desde que el PRV-FALN-RUPTURA, asumiera esta polémica ideológica y política y que todavía permanece con plena vigencia, producto de la necesidad de buscar un proyecto civilizatorio distinto a los conocidos hasta ahora, en el intento de abrir caminos para la libertad, que retome la cosmovisión de nuestros aborígenes acerca del medio ambiente natural. Que nos permita reinventar el futuro, que tomando el pensamiento antiimperialista de Bolívar, Martí, San Martín, Zapata, Villa, Sandino, Artigas, Simón Rodríguez, Miranda, Guevara, Gaitán, Camilo. Manuel Pérez, Argimiro Gabaldon, Fabricio Ojeda –entre otros – pensadores y revolucionarios latinoamericanos, nos iluminen el camino para parir alternativas distintas, lo que implica romper con patrones preestablecidos, para poder producir una transformación radical de los conceptos materiales y espirituales, que hasta el momento hemos manejado y que son “verdades” impuestas en Latinoamérica y el Caribe, que han encarcelado y atrapado nuestro propio pensamiento desde la colonia hasta nuestros días. Es romper los esquemas de la llamada sociedad industrial, que centran y siguen insistiendo en su concepto de desarrollo, adorando las máquinas y el crecimiento económico, como metas de la llamada civilización.

Se trata de producir la ruptura histórica de la dominación, que permita el surgimiento del nuevo hombre, capaz de contribuir de manera consciente a humanizar la sociedad y que entienda que el no es un objeto sino un sujeto histórico, por formar parte de un colectivo, por ser un ser humano, un ente creador, capaz de estar en permanente actividad para mejorar la calidad de vida de la sociedad en que se desenvuelve. Un proyecto civilizatorio distinto a los conocidos hasta ahora, tiene que inventar en colectivo, un modo de producción donde capitalizarse no sea un objetivo de orden individual o de una comunidad, sino que sea un modo de producción capaz de satisfacer las necesidades vitales del colectivo y donde el trabajo no sea un instrumento para condicionar sus ratos libres, convirtiendo muchas veces su actividad laboral en formas de esclavitud solapadas a cambio de ganar un dinero más. Un modo de producción que como dijera Dewey: “El objetivo definitivo de la producción, no fuera la producción de bienes, sino la producción de seres humanos libres, relacionados unos con otros en términos de absoluta igualdad”.

Es comprender, que los modelos civilizatorios que conocemos, se agotaron, no le dieron la posibilidad a la humanidad y específicamente a nuestro continente latino caribeño, para materializar la utopía bolivariana de darle al pueblo un poder que sea capaz de producir la mayor suma de felicidad posible, la mayor suma de bienestar social y la mayor suma de estabilidad política. Es generar un modo de producción alternativo que debe discutirse en colectivo, que tenga que ver con la reconstrucción de nuestra memoria histórica y cultural, que sepulte el capitalismo neoliberal voraz, destructor de la dignidad del hombre, un modo de producción que tenga como fin reivindicar la relación hombre-naturaleza, en este espacio geográfico latinoamericano, para abordar y enfrentar el problema político, económico, social, educativo, cultural, alimentario, religioso, tecnológico y científico. Es enfrentar el reto de un nuevo modelo civilizatorio que rompa con la verticalidad del poder, que nos acostumbro de manera alienante a nombrar un presidente, que lo puede todo, que lo ordena todo, que lo dirige todo y que termina siendo un “Dios” en la tierra, a la cual hay que rendirle honores, obediencia incondicional y culto a su personalidad. Un nuevo modelo civilizatorio que acabe con los privilegios económicos y políticos de la clase que gobierna, en otras palabras, una nueva civilización para crear un nuevo poder que salga como expresión genuina del pueblo: todo el poder para el pueblo y para tales fine es necesario darle horizontalidad al nuevo poder, que surja de la rebelión, de un proceso insurreccional por la emancipación de nuestras naciones y de esta manera darle salida a ese nuevo poder, que a través de una Constituyente Originaria, sea capaz de entender que sólo el pueblo salva al pueblo. Es abrir un “Tercer Camino” o “Terceros Caminos”, de acuerdo a la realidad y circunstancias de cada pueblo, que sea producto de nuestro pasado y presente, que nos conduzca a vivir en armonía con nuestro entorno, para abrir espacios convivenciales en todo nuestro continente, con sus diversidades, diferencias, coincidencias, que contribuyan a vivir en plenitud de libertad para la realización plena del hombre. Ese es el reto que asumimos, con todas las consecuencias que ello implica, pero en el firme propósito de aportar y contribuir a la independencia de nuestras naciones.

“LA LINEA JUSTA ES, LUCHAR HASTA VENCER”

HACIA UNA CONSTITUYENTE ORIGINARIA.

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