sábado, 30 de enero de 2010

DECLARACION POR LA VIDA Y LOS DERECHOS HUMANOS


Declaración de San José, mayo 2009, un pasó para la unidad de las luchas, que crezcan las flores por todas partes.


DECLARACION DEL BARRIO SAN JOSE – MAYO 2009.
DEL ENCUENTRO NACIONAL REVOLUCIONARIO POR LA VIDA Y LOS DERECHOS HUMANOS.


Nosotros, obreros, trabajadores, cooperativistas, campesinos, estudiantes, familiares de luchadores caídos, desaparecidos y asesinados, hacedores y trabajadores de la cultura, religiosos, cristianos de la teología de la liberación, militantes revolucionarios y luchadores sociales, voceros de colectivos populares defensores de los derechos humanos de Colombia, Bolivia, Argentina, Chile, medios de comunicación alternativa, todos comprometidos con la lucha popular y revolucionaria, organizados en una vasta diversidad de organizaciones populares; atados entre nosotros a un único sueño: la liberación de los pueblos del mundo y de nuestramérica de las cadenas de opresión que hoy impone el capitalismo militarizado y despótico en todos los rincones del mundo, nos hemos reunido estos tres días para discutir un punto sangriento y totalmente invisibilizado por todos los poderes privados y públicos en los últimos años: la matanza inaudita de luchadores populares de base a quienes ni siquiera se les ha dado las gracias por todo el corazón, las ganas, la inteligencia, que han puesto en función de garantizar el proceso revolucionario en curso.


Ya son centenares de hermanos de lucha, que por ahora no queremos ponerle cifras definitivas porque nadie las conoce, que han sido asesinados impunemente por agentes públicos y un sicariato paramilitarizado que a su vez ha ido penetrando las estructuras del estado tan importantes como son las distintos cuerpos policiales, Fuerzas Armadas, tribunales, poder ejecutivo regional y nacional, ligadas directamente a los intereses propietarios en distintas regiones del país que han decidido responder a los actos revolucionarios con la esperada violencia fascista propia de su clase.


Este encuentro por tanto es la primera congregación de luchadores que hacemos en función de tomar conciencia militante de la situación en que estamos metidos y romper con la hipnosis mediática, entendiendo que estamos a punto de una guerra declarada por parte de un fascismo diluido en todas las instancias de la sociedad y el estado y que responde a los intereses de las clases dominante que aun mantienen el dominio sobre las estructuras que organizan la sociedad y estado.


En efecto, nos hemos reunido para librar un profundo debate que nos permita visualizar caminos en esta guerra declarada. Estamos orgullosos de la capacidad de convocatoria de las corrientes populares, no se ha perdido en absoluto. Ciertamente, aquí reunidos, ha sido un momento para declarar que ya basta de estar delegando poderes y responsabilidades a instancias que jamás asumirán la lucha por la emancipación de los pueblos. Se trata del protagonismo que hemos debido haber asumido desde hace mucho tiempo y con profundidad cada vez más intensa, aceptando que solo así se entendería que estamos dentro de un proceso revolucionario. Pero no, ha sido esa actitud delegativa la que ha imperado, la cual ha debilitado nuestra capacidad para enfrentar nuestros enemigos históricos. De allí entonces que no nos falta responsabilidad, y eso también lo admitimos, por la dolorosa pérdida de la vida de estos valerosos compañeros. La pasividad, la disolución de nuestra autonomía, el discurso formalizado en códigos revolucionarios y abstractos que nunca terminan de hacerse efectivos, la esclavitud voluntaria que hemos vivido al interno de organizaciones totalmente oportunistas y corruptas, manejadas por una pequeña burguesía que ni siquiera se ha rozado alguna vez con las luchas históricas del pueblo venezolano, nos ha llevado a esta situación de impotencia frente a la acción asesina de nuestros enemigos.
Este evento por tanto, en primer lugar ha de servir para sacudirnos de este anquilosamiento e ir de nuevo a la lucha que nadie va a hacer por nosotros, cuya herencia espiritual de las décadas de 60, 70, 80 y 90 en su máxima dimensión social expresada el 27-F del 89 y con las dos insurgencias cívico-militares de Carupáno y Puerto Cabello, las más reciente del 4-F y 27-N del 92, hoy ratificamos como caminos legítimos en el derecho de los pueblos contra todo signo de injusticia, corrupción y explotación. En segundo lugar, el evento también ha servido para develar algo muy importante. Los derechos humanos no nos interesan en su versión ideológica imperial, manipuladora de conciencias y defensora del mercantilismo enajenante, aquí no venimos a repetir principios sobre la libertad, el derechos a la vida, los derechos sociales, para recordarlos, cual pendejos que han de creer que aquellos son principios invulnerables de la civilización moderna y capitalista en que vivimos y por tanto nuestro único papel será el de denunciar cualquier anomalía que pueda haber en cuanto a su vigencia práctica, pidiéndole a las instituciones que por favor resuelvan estos problemas sociológicos. Por el contrario los derechos de los cuales estamos hablando, son los derechos por los cuales estamos luchando y defendiendo en cualquier escenario, empezando por exigir el fin de la descarada impunidad y permanente violación de derechos en todo el país.


Son precisamente los derechos por los cuales nos hemos paseado estos tres días entre ellos: el derecho a la vida y a vivir, los derechos laborales con énfasis en la contratación colectiva y la estabilidad en el trabajo, respeto y reconocimiento al fuero sindical, los derechos a la salud, a la educación y la cultura, a la recreación a la participación, a un ambiente sano, los derechos de la mujer y la calidad de vida en general, derechos a estar informados y comunicados desde la verdad, el derecho a legislar para decidir políticas en todos los niveles, el derecho a la movilización y la protesta, el derecho a la tierra y la agro-ecología, el derecho a la defensa integral a la vida, etc.


Pero más allá de esto, este debate nos ha servido para ver en claro el deber que tenemos de empezar a crear un verdadero sistema de justicia que esté en manos del pueblo emancipado. Los derechos por cuales peleamos, si somos nosotros los que luchamos por ellos, si ellos son principios fundamentales para el crecimiento material y espiritual de la vida de nuestros pueblos, serán derechos por los cuales somos nosotros mismos quienes tengamos el deber de defenderlos y sabemos cómo hacerlo.


Esto nos ha obligado a ahondar en una difícil y fascinante discusión que tiene que ver realmente con el proceso revolucionario mismo con sus variadas y múltiples contradicciones, con el papel político y constituyente que ha de jugar el movimiento popular. En otras palabras, estamos hablando de la constitución de un nuevo sistema de justicia y una nueva identificación de derechos del pueblo que no la vamos a encontrar en ninguna de las cartas magnas de los derechos humanos, ni siquiera en nuestra actual constitución nacional. Se trata de fraguar en estos momentos un amplio tejido orgánico que nos permita integrar las luchas populares y unificarnos por un camino muy claro que responda a los siguientes principios: en primer lugar, nadie predefine nuestros derechos, somos nosotros mismo quienes debemos definirlos y somos nosotros mismos los que hemos de luchar por ellos. Segundo, el derecho primerísimo a la vida que es inviolable, un derecho que se viole, sean los derechos de los trabajadores, derechos de los campesinos, derechos de nuestras comunidades, de nuestras mujeres, de los niños, de los estudiantes, los derechos de rebelión, entonces, que sean violados todos los derechos, por lo tanto, con la legitimidad ética y moral debemos defender con la pasión de la misma vida por igual y en bloque cada unos de ellos.


Nuestra justicia popular y revolucionaria por supuesto promoverá leyes, negará otras, de manera de tener allí un punto de apoyo para resistir la impunidad viciosa del estado capitalista. Pero ante todo ese tejido orgánico del cual hablamos, tendrá que saber que de la misma manera lo han hecho ejemplares comunidades indígenas y populares en todo el continente al crear un sistema de justicia propio. Justicia que, como decíamos, no tomará como fundamento ningún acto legislativo previo hecho por el poder constituido, que determine qué es justicia y qué no es justicia. Será la carta de lucha de definición concreta de derechos de cada una de las comunidades populares, de trabajadores, de cooperativistas, de campesinos, de indígenas, de movimientos sociales, del país; de ellas en conjunto, a través de las comunas, consejos de trabajadores, o cualquier otra instancia de autogobierno popular lo que defina los linderos de un nuevo concepto de justicia y a partir de allí las instancias a crear por nosotros que será lo que organice el nuevo orden de justicia.


Y finalmente, más allá de cualquier meta soñada, estamos aquí para reafirmar algo que no abandonaremos jamás, y es el derecho a vivir de cualquier ciudadano, y el derecho y el deber de vivir de todos y todas las luchadoras y luchadores del pueblo. Por lo tanto es tarea nuestra, en lo inmediato, discutir a fondo como vamos a enfrentar estos enemigos que quieren acabar con la paz, la alegría, con los sueños, con la estabilidad del hogar humilde, con nuestras vidas. No queremos amenazar a nadie ni estar descargando nuestra rabia con desafueros violentistas. Nuestras respuestas serán las respuestas del amor duro de la acción, el pensamiento y la ética revolucionaria cultivada en las milenarias luchas revolucionarias, pero sabemos y así declaramos que vamos responderle a la maldición fascista en cualquier terreno que nos toque hacerlo…claro que sí:


¡SOMOS LA VIDA Y LA ALEGRÍA EN TREMENDA LUCHA CONTRA LA TRISTEZA Y LA MUERTE!….


¡NI UN LUCHADOR MÁS DEL MOVIMIENTO POPULAR Y REVOLUCIONARIO ASESINADO!


¡QUE VIVAN LOS DERECHOS DEL PUEBLO!


¡SIN JUSTICIA NO HAY REVOLUCIÓN!


Barquisimeto; estado Lara-Venezuela 01-02-03 de mayo de 2009.


Los abajo firmantes:


Por el Frente Clasista “Argimiro Gabaldón” (Lara)
Víctor “Semeruco” Pereira Iván Pérez Egilda Hernández
Eulogio Gallardo Marcos Crespo Darío Gómez
Ana María Marengo Ignacio Delgado Napoleón Herrera
Ligia Torrellas Manuel Sánchez Julián Brizuela
(Otras firmas en reserva)
Por el Movimiento Popular “El Frio” (Lara)
Marín Arly Carlos Sivieres
Por “Victoria Popular” (Lara)
Mijail Martínez Víctor Martínez
Por el Colectivo Estudiantil “Octubre 17” (Lara)
Arturo Vázquez
Por el Frente de Trabajadores “De la Salud y la Vida” (Lara)
Oscar Velandría Eligio Figueroa
Por el Sindicato de Trabajadores Metalúrgicos (Lara)
Servideo Barcos Orangel Linares
Por el Movimiento “Mario Pettit” (Yaracuy)
Dilcia Pettit
Por el Movimiento Campesino “Jirajara” (Yaracuy)
Freddy Briseño Andrés Pérez Johel Pineda
David Sánchez
(Otras firmas en reserva)
Por Escuela Popular “Chema Saher” (Falcón)
Jesús Mujica Iliana Ruiz.
Por la Comisión Nacional de Artesanía (Falcón)
Williams Virgués Rafael Quero Gómez
Por “Proyecto Nuestra América” (Mérida)
Ithais Siluesa Sulkary Olivares Nazario Bravo
Por Delegación de Trujillo
Rubén Darío Zambrano Luis Alberto Delgado Sheyla de Delgado
Por “Tercer Camino” (Trujillo)
Francisco Prada Barazarte Laura Pérez
Por Delegación Zulia
Marjory J. Arana Williams Melean Rosa Urdaneta
Alexander Pírela Ismael Villalobo Josefina Urbina
(Otras firmas en reserva)
Por el Movimiento Revolucionario “Argimiro Gabaldón” (Portuguesa-Barinas)
Alfa Alfonzo Nelly Giménez Antonio Torrealba
Albeiri Díaz Zuloaga
(Otras firmas en reserva)
Por la Delegación de Apure
Frans Luis Moreno Omar Lizcano
Por la Delegación de Caracas
Sandino Yamilet Romero Rolan Dennis
Guillermo Olivares Francisco Ortuño Valentina Becerra
Rafael Falcón Mailimar Palacios Luzmila Pettit
Luis Gonzáles Gretel Rebeca Castro Reina Quintero
Equipo de formación de la Escuela Bolivariana del Poder Popular (Caracas)
Yesmel Guanipa Tibisay Maldonado Pablo Alvarado
(Otras firmas en reserva)
Por Central de Cooperativas Caracas
Albert Méndez Jonnibel Álvarez Hilario López
(Otras firmas en reserva)
Por Delegación San Carlos (Cojedes)
Yulai Coromoto de la Rosa Cástulo Cordero

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