sábado, 28 de agosto de 2010

4 FEBRERO: UNA RENDICIÓN CONVERTIDA EN FECHA PATRIA

UNA RENDICIÓN MILITAR CONVERTIDA EN
FECHA PATRIA

SE MANIPULA EL PASADO, VALIENDOSE DEL PODER, POR ELLO DIFICILMENTE LA
HISTORIA LOS ABSOLVERA.


En la Historia de Venezuela existen fechas patrias gloriosas, otras ignominiosas, pero cuando se trata de la historia militar se han registrado aquellos sucesos en los cuales el pueblo venezolano, junto a su Ejército Libertador alcanzó sendas victorias.

Así quedaron para la posteridad las batallas de La Victoria, la Campaña Admirable, Queseras del Medio, Carabobo, Junín, Boyacá, Ayacucho, sólo por mencionar algunas. Sin embargo, nadie celebra la Capitulación de Miranda o la rendición del coronel Bolívar en la plaza de Puerto Cabello
en 1812. Las derrotas, las rendiciones o las capitulaciones no se celebran, porqueno hay nada que celebrar. Pero Si Bolívar hubiese celebrado la rendición de Puerto Cabello, seguro Miranda lo habría fusilado.

A diferencia de otras fechas gloriosas en las cuales un ejército revolucionario ha llegado al poder acompañado con un pueblo insurgente, en medio de aclamaciones y proclamas, la aventura militar del 4-F no contó con grandes aclamaciones ni proclamas. Fue un inesperado madrugonazo cuartelario gestado por un grupo de uniformados sin apoyo popular, pero con una inesperada proyección mediática. Por supuesto, los civiles detrás de los rebeldes castrenses, viejos zorros de la política, tampoco articularon con las fuerzas populares.

“DÍA DE LA DIGNIDAD NACIONAL”

Sin embargo, como la historia la escriben los vencedores, desde las alturas del poder, se ha pretendido establecer la rendición del 4 de febrero como el día de la Dignidad Nacional. Sólo bastó una relampagueante aparición del comandante insurrecto, por la pantalla de los medios televisivos –incluyendo al pitiyanqui grupo Cisneros- para catapultar el fenómeno mediático como artífice del hombre que hoy encarna a Bolívar, al Estado, al Pueblo, a la Revolución y todos los
avatares e iluminados de la historia.

Pero si la rendición de aquella rebelión militar, convertida hoy en fecha patria, a semejanza de otras rendiciones, no contó con la participación del pueblo venezolano, fue porque el pueblo nunca fue invitado, siendo además traicionados los pocos civiles involucrados, a excepción de algunos que aún forman parte del entorno presidencial. La rendición del 4-F fue exclusivamente
militar, porque su composición fue, fundamentalmente, militar.

Es conveniente entonces preguntarse: ¿Dónde estaba ese grupo de militares insurrectos el 27 de febrero de 1989, cuando estalló el “caracazo”?. ¿Por qué no apoyaron con algún pronunciamiento mediático cuando el mismo ejército y fuerzas de seguridad masacraban al pueblo?. ¿Esperaban los rebeldes castrenses un apoyo popular cuando se había perdido la confianza en su ejército y las armas del pueblo se habían volcado contra el pueblo?. ¿Por qué el MBR-200, en proceso conspirativo desde 1983, dejó desamparado en su lucha al pueblo insurrecto?.

A todas estas preguntas el comandante-presidente alega que tenía lechina.

Ciertamente Miranda también fracasó en su expedición libertadora en 1806, porque el pueblo esclavo y servil no sabía quién era aquel general victorioso en Europa y Estados Unidos, pero en aquel momento no existía Venevisión. Quizás la comparación sea demasiado exagerada, pero la lección histórica es clara: Sin apoyo popular, las rebeliones militares terminan en Golpes de Estado, pero nunca en revolución.

La rendición del 4-F constituye un eslabón perdido dentro del largo proceso de la revolución venezolana. Pero se necesitaba un catalizador de las luchas sociales y era indispensable – sobre todo para las trasnacionales y para la burguesía como el Grupo Cisneros- engendrar a un líder capaz de aplacar el fuego de la
insurrección popular. Era urgente fabricar un nuevo Gendarme Necesario capaz de aglutinar a los sectores de la “izquierda revolucionaria”, neutralizar al efervescente movimiento estudiantil, así como de capitalizar el descontento del
movimiento obrero. Todo ello se cumplió a cabalidad, según los intereses del capital internacional.

A 200 años del golpe de Estado mantuano de 1810, ejecutado contra el entonces Capitán General de Caracas, la historia se debate entre la lealtad y la insurgencia, entre reformismo o revolución, entre ser leales con el Estado o ser consecuentes con las luchas del pueblo. Hoy más que nunca la independencia es una quimera y la soberanía una caricatura.

En fin, la historia no debe servir para manipular el pasado a favor de quienes detentan el poder, sino para liberar al pueblo de sus errores y encaminarlo hacia su emancipación definitiva. Por ello, difícilmente la historia los absolverá.

Es la historia, la que con el tiempo coloca a cada quien en su sitio. El tiempo como categoría histórica lanzara sus juicios de valor, sus interpretaciones del momento que se vivió y a esa historia no se le podrá mentir, porque los pueblos sabrán darle también su apreciación, porque tendrán la información necesaria para que ese mismo pueblo maneje las coordenadas necesarias que develaran las verdades históricas.

(*)HISTORIADOR U.L.A.- MÉRIDA

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