domingo, 8 de noviembre de 2009

REUNION DE LA ONU, CAMBIO CLIMATICO.



Cambio Climático en Barcelona: Discutir lo superfluo, evitar lo importante.
Gerardo Honty

ALAI AMLATINA, 07/11/2009.-

Un periodista amigo que por primera vez
asiste a estas negociaciones me lo describía de esta manera al final de
la reunión: “Es como si fueras a comprar una casa con tu esposa y
discutieras sobre el color de las paredes, el estilo de canillas que
habrá en los baños y si en las ventanas habrá persianas o postigos,
pero esquivaras discutir cuánto disponen para gastar o hasta qué punto
están dispuestos a endeudarse”. Creo que es una buena imagen acerca de
los asuntos en los que se avanzó en esta reunión.

La cuestión de las cifras

En el plenario de cierre del pasado viernes, las diferencias en la
evaluación del resultado de la reunión dejaron en claro que hay
perspectivas divergentes acerca de lo que significa “avances”. Para
algunos –los menos- el progreso había sido notorio. El más optimista fue
el jefe de la delegación de Estados Unidos, Jonathan Pershing, que se
autodefinió como “bicho raro” por su visión positiva de los resultados
en contraste con las otras visiones que estaba escuchando. Para otros,
particularmente los países en desarrollo, no se había avanzado en absoluto.

Uno de los principales temas que sigue sin resolverse es la
cuantificación de los compromisos de reducción de emisiones que asumirán
los países industrializados, en su conjunto y cada uno en particular
(“las cifras” en la jerga de las negociaciones). Junto con ello, qué
porcentaje de esos compromisos deberán cumplirse domésticamente y cuánto
podrá ser cumplido a través de la adquisición de créditos de carbono por
reducciones realizadas en otros países. Y además, cuánto de las
reducciones domésticas podrá ser cumplido por la vía de las absorciones
de los sumideros (bosques y forestación) en esos países.

El otro gran tema que no tuvo avances fue la cuantificación de los
recursos que los países industrializados deberán disponer para el
financiamiento de la adaptación y desarrollo de los demás países. Al
decir de mi amigo el periodista, cuánto están dispuestos a gastar para
comprar la casa.

El marco legal

El romance con la nueva administración de Estados Unidos duró poco. En
junio cuando la nueva delegación de Barack Obama llegó a Bonn hubo
grandes aplausos y recibimientos, El hijo pródigo volvía al hogar. Pero
cuatro meses después Estados Unidos volvió a ser el muchacho malo de la
película como en la época de G. W. Bush. Muestra de ello son los varios
premios “Fósil del Día” que se llevó esta semana, un galardón que las
ONGs entregan cada día a la peor perfomance en las negociaciones desde
el punto de vista de los intereses del clima. Particularmente causó
mucho rechazo el anuncio de la delegación estadounidense cuando informó
que el congreso retrasaría el tratamiento de la ley sobre cambio
climático, una pieza clave para su política internacional en la materia.

En la última reunión de Bangkok (28 de setiembre al 9 de octubre Estados
Unidos había introducido un nuevo enfoque para el debate: No debía haber
un protocolo con compromisos solo para los países industrializados y
otro acuerdo aparte para los países en desarrollo sino que todos los
países debían tener compromisos en un mismo nivel bajo un mismo tratado.
En esta reunión de Barcelona la novedad la aportó la ministra danesa
Connie Hedegaard cuando anunció que el objetivo era llegar en
Copenhague a un acuerdo “políticamente vinculante” sustituyendo el
compromiso adquirido por las Partes de alcanzar un acuerdo
“jurídicamente vinculante” es decir, que obligue a su cumplimiento bajo
un tratado internacional. “¿Qué quiere decir políticamente vinculante?”
se preguntaban los delegados por lo bajo. La intención de la ministra
podía ser bajarle las exigencias al acuerdo, pero también podría leerse
como un intento de bajar las expectativas sobre a la COP 15, algo que ya
había hecho antes Ivo de Boer, Secretario de la Convención.

En cualquier caso, estas expresiones demuestran cuán lejos están los
negociadores de alcanzar un acuerdo en torno a la arquitectura jurídica
y los alcances legales que tendrán los resultados esperados de la COP 15.

Patear el tablero

Pero quizá la novedad más impactante de este período de sesiones fue la
actitud de África cuando al inicio de la reunión planteó que no
continuaría las discusiones en los demás temas hasta que no se terminara
la discusión sobre “las cifras”, es decir, los compromisos de reducción
de emisiones de los países industrializados. Al día siguiente, luego de
varias horas de conversaciones, se logró un acuerdo: se dedicaría el 60%
del tiempo a “cifras” y el 40% al resto de los temas. Si bien en la
práctica la movida del Grupo Africano no logró lo que buscaba, sí sentó
un antecedente que debe poner en alerta a los negociadores. La
posibilidad de “patear el tablero” es algo que siempre está latente para
muchos delegados aunque no se expresa con frecuencia. La prioridad para
todas las delegaciones sigue siendo mantener abierto el espacio de las
negociaciones, pues es el único camino posible para alcanzar una
solución. Pero la actitud africana está señalando que todo tiene un
límite y que puede haber llegado el momento de jugar la última carta. En
última instancia de lo que se trata no es de “salvar las negociaciones”
sino “salvar el planeta”, como recordó un activista presente en
Barcelona. ¿Hasta donde vale la pena mantener este proceso de
negociación si no hay resultados a la vista? Para los países
desarrollados el problema son los costos económicos del futuro acuerdo,
pero para los países en desarrollo los problemas son más acuciantes. El
delegado de Leshoto hablando en nombre de los países menos desarrollados
lo dijo claramente en el plenario de cierre: “algunos de nosotros nunca
llegaremos a ser economías emergentes, seremos sumergentes” haciendo
alusión a las amenazas que se ciernen sobre ellos por la elevación del
nivel del mar.

A 30 días

Es muy difícil que en el poco tiempo que queda se puedan alcanzar
acuerdos en todos estos temas. Pareciera haber dos escenarios posibles:
Uno –poco probable- es que, siguiendo el camino mostrado por África,
alguno de los grupos de los países en desarrollo se levanten de la mesa
de negociaciones y aborten todo el proceso. Otro -más probable- es que
se avance un poco en Copenhague pero se postergue un acuerdo final para
una segunda fase de la COP 15 a realizarse en junio de 2010 o incluso
para la COP 16 de México en diciembre de ese año. Como dijo la delegada
china en el cierre de la sesión: no tenemos esperanzas, pero siempre se
puede esperar un acto de magia que haga que el acuerdo finalmente
llegue. Esta discusión comenzó hace dos años, apenas quedan dos semanas
de reuniones para alcanzar un acuerdo y aún seguimos discutiendo de
canillas, colores y postigos.


- Gerardo Honty es analista en energía y cambio climático de CLAES
(Centro Latinoamericano de Ecología Social).
Observador en la reunión de la Convención de Cambio Climático en Barcelona.


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